Monday, January 11, 2010


"El lector de éstas páginas será gratificado con más de una agradable sorpresa. Con gran agilidad y soltura de estilo, cualidades de la narradora y cuentista que ya conocíamos en Carmen Ávila, esta escritora nos ofrece aquí un cautivador bordado de ideas e imágenes alrededor del cuerpo. Desde recuerdos de viajes, donde las ciudades se destacan como organismos vivos, hasta las etéreas ideas filosóficas de Paul Valéry, quien concibió la original y extraña noción poética de tenemos más de un cuerpo, pasando por cuentos, leyendas y consejas humorísticas sobre la nariz: todo esto y más aguarda al lector en las páginas de este breve y ameno libro. En la época actual, cuando el cuerpo humano se ve cada vez más como simple objeto, Carmen Ávila nos recuerda su inmensa trascendencia inmaterial y psicológica. (Francisco González Crussí).


Praga como un cuerpo (Periódico Milenio)

Este libro de la joven cuentista coahuilense, Carmen Ávila, tiene de propósito el desentrañar la relación oculta entre el cuerpo y la ciudad en que se mueve, el viaje como iniciación poética y revelación de la geografía de signos que palpitan en la experiencia literaria.

Seis ensayos breves y placenteros con matices filosóficos y etéreos en Praga como un cuerpo, será donde diversos temas y personajes confluyen para ofrecernos una visión muy pecular de la vida y la creación.

Especialista en Gabriel García Márquz, Carmen Ávila no sólo reflexiona sobre el maestro colombiano, sino que también retoma la obra de Franz Kafka y Paul Valéry, bajo la atmósfera espectral de Praga, a manera de homenaje al Viejo Mundo y, por supuesto, al imperio del olfato como mecanismo de nostalgia, inspiración y exhalación en el inabarcable continente de las letras.


Carmen Ávila

Praga como un cuerpo

Universidad Autónoma de Coahuila

México, 2009

139 pp.

Sunday, January 10, 2010

Las razones por las que aprendí francés

Ahora, después de más de 10 años comprendo la verdadera razón por la que un día la vida me llevó a estudiar francés: no fue por el sueño de hacer un posgrado en Francia, no, no fue para enamorarme de un francés que nunca me correspondió, que se fue dejándome llena de lágrimas, no, no fue para vivir en París y morirme de hambre como mi héroe Vallejo, no, no fue para escribir algunos poemas, no: la verdadera razón es leer a Le Clezio en el original y saber que todavía existe alguien que pueda describir toda la belleza del mundo en sus textos. En los meses entrantes que lea a Elfreide Jelinek y a Herta Mueller en alemán, con la ayuda de un diccionario, por supuesto, veremos si valió la pena haber estudiado alemán, haber amado con toda mi alma a un alemán, conocido la Selva negra y otros lugares de la alemania profunda y haber sentido el racismo o el acoso de los alemanes. A ver si valió la pena, ese año que dejé el francés por una desilución amorosa y decidí estudiar el idioma para hacer un posgrado en Alemania algún día, pensaba. Mi maestría la terminé en México y me fui a Praga a aprender checo, pues creí que Kafka escribía en ese idioma, pero viví en Praga y le escribí un libro. Y quiero regresar a Praga para recordar cuando conocí al alemán y lo amé tanto. Fin del capítulo.

Wednesday, November 04, 2009

Mexicanos perdidos en Polonia




Regresé a México y me volví a ir a Polonia. Ahora, después de tanto viaje, por fin estoy en la tranquilidad del encierro, estudiando para un examen, del que si obtengo buenos resultados, los sueños se desgajan de manera exponencial, pero también me atormenta cada noche las pesadillas de no pasarlo con la calificación que quiero.


Polonia me fue familiar, los polacos son como los mexicanos, pero cuando digo esto no estoy exagerando: Son como los mexicanos: pueden ser tan adorables, calurosos a pesar del frío glacial de su país, muy religiosos, pero siento que también tienen algunas mismas malas costumbres... (que no diré aquí para no ventanear a nadie, pero siempre que platico la anécdota todos se ríen). La única diferenica es que están más güeros... y a mí se me hacen muy guapos. Cuando yo les decía a las polacas rubias, delgads y muy bonitas, que a mi me gusta cuanto polaco se me cruzaba por el camino (muchos de ellos podrían pasar como modelos, con cabello oscuro y ojos azulísimos) ellas me decían que esos estaban muy feos y que ellas se morían de ilusión por tener un hombre mexicano (y yo como chiste de Condorito: Plop!).


Las fotos son respectivamente de Varsovia en "La ciudad vieja" y de la Ciudad de México en "La plaza de las tres culturas", la diferencia es de mucha temperatura, y es el mismo mes del año. Esta es la razón por la que siempre desisto de la idea de vivir para siempre en Europa (Y digo para siempre sin exagerar, allá me van a dejar si acepto, si cedo).


Conocí a mexicanos muy talentosos, a polacos amabilísimos, ojalá a todos los vuelva a ver, en México o en Polonia, quien sabe, este mundo es tan pequeño. A propósito, aquí está el blog de Alejandro Ipatzi, tlaxcalteca, quien con unos ojos de poeta, de niño que descubre un mundo que inconscientemente ya conocía, describe de manera muy bella sus viajes por Polonia y por otros lugares.